La Ofrenda

 La Ofrenda

Ofrenda tus pasos con belleza





"La ofrenda es un ritual que convoca a la memoria"

I.
India, 2013

Viajar a India siempre fue uno de mis mayores sueños, y todavía sueño con volver. Un gran enigma, una curiosidad, un misterio, esa cultura llena de colores y sabores, sándalo y jazmín, imágenes y cantos ante los cuales mi corazón se emociona, sin importar que la mente no comprenda. India es contraste y contradicción. 

Tuve experiencias increíbles durante mi viaje a India. Todo era diferente, caótico, ruidoso, brillante y, sin embargo, todo resultaba cercano. "Madame, Madame..."  era una voz constante al caminar, porque todos se quieren acercar, conocerte, saber de ti, de donde vienes. 

Caminar por esas calles que solo antes había visto en postales y películas, resultó siempre una aventura mística. El asombro nunca me abandonó ante tanta historia, ante tanta antigüedad, tradiciones y rituales. Todo allí tiene un significado y representa una oportunidad para honrar la vida. 

"India es un estado de consciencia"  escuche decir una y tantas veces. Al momento de mi viaje, la verdad, no entendía el sentido de esta frase, pero sin duda las cosas que me tocaron ver y sentir, las experiencias que me tocaron vivir, fueron una manifestación de los más sinceros anhelos de mi corazón. Así que, quiero contarte una pequeña historia: Vrindavan

Vrindavan 

La ciudad de los "hare krishna", ubicada al norte de la India, en el estado de Uttar Pradesh.  Vrindavan está llena de templos dedicados a Radharani y al señor Krishna, en donde te reciben con un sonoro y alegre "haribol".  Allí parece que la vida siempre es una fiesta, llena de cantos y alabanzas y de poemas de amor que cuentan la historia de los encuentros entre Radha y Krishna en los bosquecillos de Tulsi.

Es una energía contagiosa que te pone a danzar en una suerte de éxtasis de gratitud ante el encuentro con la divinidad. Haribol. Hermoso en verdad, una sensación liberadora y reconfortante. Un recordatorio de lo sencillo que puede ser, solo tienes que agradecer, danzar y celebrar la vida.

Así que, en esa borrachera de amor y gratitud, quise hacerle una ofrenda a Radharani, como manifestación del aspecto femenino de la existencia: belleza, luz, creación, armonía, sutileza. Me fui a comprar la mejor guirnalda hecha con pétalos frescos de rosas rojas. Me puse ropa limpia y perfumada con aceite de sándalo. El corazón contento, lleno de eso que llaman regocijo. ¡Qué alegría! 

El templo de Radha quedaba en las afueras de la ciudad, en uno de los bosquecillos de Tulsi. Los bosquecillos tienen forma de laberinto y están custodiados por monos. Cuentan las historias que los monos solo se alejan del lugar a la hora del crepúsculo,  para que Radha y Krishna se puedan encontrar. 

Tomé un Tuk Tuk para llegar. Llevaba en mi regazo muy contenta y orgullosa, la guirnalda de pétalos perfumados de rosas rojas, había que llegar antes del atardecer.

El templo quedaba en una zona rural, cercano a una de las riveras del rio Yamuna. No era "grandioso" como me lo esperaba. El laberinto era pequeño, hecho de túneles enrejados para proteger a los visitantes de los monos. Los monos en India tienen la fama de ser ladrones, si te descuidas.  

Pero no dejé que nada de eso me robara mi entusiasmo. Entré al laberinto y caminé hasta llegar al altar para hacer mi ofrenda.  El altar era pequeñito, sencillo, algunas velas y varitas de incienso encendidas. Un espacio íntimo, de una persona a la vez.  Me quité los zapatos, me puse de rodillas, hice una reverencia y al momento de ofrendar la guirnalda, la persona que atiende y cuida el altar, me dice: "Madame Madame, 100 dólar". ¿Qué?

Por recibir la ofrenda y levantar un rezo para la bendición de mi familia me quería cobrar 100 dólares, no me lo podía creer. Me sentí engañada. Le dije que yo solo quería dejar en el altar una ofrenda para Radharani y que yo solita podía levantar un rezo para la bendición de mi familia, y él solo decía "Madame Madame, 100 dólar". No me lo podía creer.

Tomé mi guirnalda de pétalos frescos y perfumados de rosas rojas de vuelta. Me puse los zapatos y salí del lugar tan pronto como pude. ¡Qué desilusión! 

Ya fuera del templo, no sabía cómo regresar al hotel. Me puse a caminar, enojada como estaba,  con mi guirnalda en las manos cuando de pronto siento un golpe seco y pesado en el hombro izquierdo...  Un mono brincó desde la ventana de una casa y se llevó mi guirnalda de rosas rojas... Por un segundo no entendí nada, se detuvo el tiempo, se detuvo la mente... De pronto... De pronto una lluvia de pétalos frescos y perfumados de rosas rojas llenó el cielo y el viento, cayendo sobre mi rostro, sobre mis brazos, en la calle, en el bosquecillo... El mono rompió la guirnalda y esparció los pétalos llenando el espacio. ¡Cuanta belleza en ese instante! Radharani recibió mi ofrenda.

Todavía me emociona contar esta historia.

La ofrenda es la vida misma.


Namaste




Gracias por leerme!
 
Tita D'Enjoy
Fotografía: Tita D'Enjoy
























Comentarios

  1. ...”una lluvia de pétalos frescos y perfumados de rosas rojas llenó el cielo y el viento, cayendo sobre mi rostro, sobre mis brazos, en la calle, en el bosquecillo... El mono rompió la guirnalda y la esparció llenando el espacio!!! Cuanta belleza en ese instante!!! Radharani recibió mi ofrenda.”

    Que belleza este relato,
    Leerte fue casi sentir que el viaje lo hice yo también ! Gracias

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  2. Bonita experiencia para descubrir que para orar nada más necesitamos estar con nosotros y mismos conectarnos internamente sin necesidad del espacio físico, que sublime Tita!!!

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  3. Que bonito Tita , me emocino leer tu experiencia.

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  4. Jejeje! Qué belleza narrativa! India, sus enigmas y sus cosas locas. Qué bonito, leerte, Tita. Creo que me emocioné igual que tú cuando el mono recibió la ofrenda en nombre de Radharani! Gracias por compartir! ❤️🙏✨ el recordatorio que me llevo: La intención cuando es clara y sincera, no sabemos cómo se manifestará pero lo hará. Haribol!

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