El Templo

El Templo

"La presencia es más importante que las palabras"



Invisible. Intangible. Sin forma. Sin origen. Sin fin



II.
India, 2013

Govinda Dev

Vrindavan, Mathura
Uttar Pradesh

Continuaban mis días en Vrindavan, al norte de la India. Esa mañana me desperté temprano y salí a tomarme un chai en unos de los puesticos de la vereda, a pie de calle, preparado al calor del fuego. Una alquimia perfecta entre sabores, aromas y especies. No hay mejor forma de despertar. Todos los sentidos quedan perfectamente estimulados, el cuerpo activo y la mente alerta, entre canela, cardamomo y jengibre.

Sirven el chai en una tacita de barro que luego, al terminar, debes lanzar al suelo y dejar que se rompa. "Todo vuelve a la tierra Madame" me dijeron al ver mi cara de asombro. Por supuesto que yo quería llevarme la tacita como recuerdo de viaje, como recuerdo de mis días en la tierra del señor Krishna, pero en India no hay espacio para el apego porque la vida ocurre en un instante.

En ese sereno estado de atención plena, me fui a visitar uno de los templos mas antiguos y magníficos del norte de la India, en el centro de Vrindavan, el templo Gonvida Dev, construido en el año 1590. Una estructura impactante de color rojizo que se levanta como un gigante dormido en el centro de la ciudad.

Al entrar, te atrapa el espacio vacío del templo. Los pasos retumban al caminar. Hay eco. Al fondo, se encuentra el altar que aún conserva destellos de oro y plata.  Seguramente vivió tiempos de esplendor en su historia. Fue construido para alojar la divina presencia del señor Krishna. Govinda, el pastor de vacas, es otro nombre (entre mas de 500) del señor Krishna. El templo fue saqueado en tiempos de guerras e invasiones y desde entonces permanece vacío.

Pero entrar en el templo Gonvida Dev, es inevitable. El silencio te abraza, la "magnificencia" del lugar se impone, la respiración se hace lenta y los movimientos pausados. Es como entrar en otra dimensión, en un tiempo antiguo y sagrado. Cerrar los ojos y sentir el pulso que habita ese lugar... Se serena el cuerpo, se serena la mente, se serena el corazón.  En el vacío, su presencia. Hare Hare. 

Salí como en una nube del templo Govinda Dev, de vuelta al rebullicio de la calle y al resplandor de la luz del sol. En los alrededores del templo se amontonaban los tarantines de vendedores ambulantes. Inciensos, velas, japas, flores, guirnaldas, telas, esencias, dulces.  Quise algo para mi. Soy fanática de las telas de India, así que me decidí por una muy hermosa de color amarillo atardecer con inscripciones en sánscrito del maha mantra: hare krishna hare krishna / krishna krishna / hare hare / hare rama hare rama / rama rama / hare hare.

El vendedor me entregó la tela perfumada con agua de rosas, dentro de una bolsa negra la cual tome con ligereza en una mano, porque me sentía ligera, leve... y seguí caminando por un rato alrededor de aquel mercado en donde se mezclaban vendedores, vacas, niños, monos, ancianos y turistas por igual.

¡Otra vez!

Mi mente no dejaba de repetirlo: ¡otra vez!  ¿Será una broma?, porque a mi alrededor la gente se estaba riendo...  Se reían de como un mono, con absoluta destreza, me arrebató de las manos la bolsa con la tela... ¡Otra vez! Ya me había pasado antes... y ahora, otra vez.

No me di cuenta de su presencia, estaba absorta y distraída. Me sentí triste, me sentí desolada, dejé caer la cabeza y los hombros a la vez que se me escapaba un suspiro. Una pequeña niña apareció en ese instante, venia descalza, con el cabello desordenado, la ropita llena de tierra, tendría unos 3 años cuando mucho, iba comiendo una galleta. Me tomó de la mano y con sus ojos limpios color caramelo, me regaló una mirada y una sonrisa. ¡Hallé tanta  inocencia  en esa mirada! Con un gesto me hizo entender que la esperara por un momento. Y eso hice.

La pequeña niña se fue con su galleta en la mano hacia donde estaban los monos reunidos. Los monos eran de su tamaño. Por un rato estuvo llamando al mono que jugaba con mi tela color amarillo, la había sacado de la bolsa negra, hasta lograr un intercambio: la galleta por la tela. ¡Y así fue! Se acercó sonriente de nuevo a mi, me entregó la tela sin pedir nada a cambio, y se fue cantando por la vereda entre vendedores, vacas, monos, ancianos y turistas por igual.  


Después de todo, aprendí a caminar entre los monos, apreciando su presencia (sin temerles) y atenta de mis cosas, de dónde estoy y hacia dónde voy (sin distraerme). Y, menos mal que aprendí, porque aún me faltaban por visitar los templos dedicados a Hanuman, el dios con forma de mono, rumbo a Benarés.







En el Universo todo es un intercambio.
Dar y recibir. 







Namaste


Gracias por leerme!
Déjame tu reflexión en los comentarios.

Tita D'Enjoy 
Fotos: Tita D'Enjoy

Comentarios

  1. Me encantó me sentí trasladada a ese mágico templo. Vivir en el presente sin apego y con el alma atenta y dispuesta para el intercambio con ella, es el verdadero desafío. 🥰

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  2. Muchas gracias por compartir conmigo este hermosa experiencia de vida

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